miércoles, 11 de septiembre de 2013

¡A MOVERNOS!



Sabía que el mundo iba más allá de las cordilleras y los cafetales, sabía que el mundo era tan grande como las alas de los cóndores. Necesitaba vivirlo, necesitaba corroborar que en efecto la gente es mucha y diferente, que las fronteras se rompen con una sonrisa y un plato diferente de comida. Y en donde quiera que vaya la mente, los pies deben seguir. No hay nada más cierto que cada persona es un mundo, y que por convivir con muchos mundos, todos somos ciudadanos del mundo; se aprende a no ser colombiano, mexicano, español o coreano, se aprende a ser ciudadano orgulloso de su historia y solidario con el presente que toca a cada realidad particular.
Hablar de un intercambio académico, es hablar de muchas oportunidades, oportunidades que deben aprovechar personas de mente abierta, dispuestos a intercambiar posturas frente al mundo, inquietudes y expectativas. Las personas de intercambio por lo general están ávidos de vida, de la vida simple y divertida, de esa que se disfruta conociendo lugares, comida y gente; una persona que quiere ser intercambista está dispuesta a aprender algo que solidifica su nueva visión frente al mundo. Es más que diversión y ocio, es adquisición de una nueva cultura, esa que está relacionada con muchas más.
En este orden de ideas podemos plantear que existen muchas formas de aprendizaje; aprendemos de la academia, de la familia, de los amigos y del mundo que continuamente nos rodea; la cotidianidad nos ofrece una base sólida la cual apropiamos y vivimos cada día, nos asumimos a ella con las herramientas adquiridas durante la vida. Se necesita saber quiénes somos para poder asumir otras dinámicas, afrontar con madures las diferencias de pensamiento, los estereotipos y recibir con orgullo los cumplidos.
Más allá del conocer, está el conocerse, afrontar nuevas dificultades o tal vez dificultades que otros han asumido por uno, esta una de las razones por las cuales es bueno asumir un intercambio; madurez. Mostrarle a los demás con orgullo de dónde vienes, y con simpatía compartir la perspectiva propia del mundo enriquece las charlas, acrecienta el amor por las raíces y el interés por saber qué hay más allá de nuestra dimensión de mundo y de vida.
El aprendizaje nunca para, es tan contante como las corrientes de aire en los páramos, tan interesante como el carnaval de negros y blancos en San Juan de Pasto; el mundo no se detiene y las personas tampoco debemos hacerlo, la experiencia es efímera, el momento se va, pero queda la satisfacción de decir “yo soy de allá” pero “me vine para acá” porque quiero aprender de la música, la comida, la gente y de la cotidianidad, que son diferentes a las mías, y es por eso que me hago más tolerante, y pongo el mundo más visible, aprendiendo de todos un poco.


 Daniel Alfonso Osorio Blandón

1 comentario:

  1. me ha gustado, comienza ágil avanza suave y se resume pronto :) solo creo que no entendí: El aprendizaje nunca para, "es tan contante como las corrientes de aire en los páramos", ademas de eso exelente.

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