Constantemente lo hacemos, ¿te
sorprende?, no debería, constantemente comemos, tomamos y usamos miles de sustancias
sin saberlo.
El agua está llena de sustancias microscópicas
que no se eliminan mediante los métodos comunes de purificación como la
cloración y filtros de carbono, sustancias microscópicas como los coprolitos, que
son esencialmente heces fecales, existen en cada vaso o botella de agua
(incluso de las presumidas como “libres de todo”); el cloro solo elimina las
bacterias hasta niveles inocuos para la salud humana.
Así es que literalmente estamos
comiendo caca y junto a esta miles de cosas que desconocemos, pero lo
verdaderamente interesante no es que lo hagamos, si no que nos sorprenda,
seguramente el título te causo algo de ruido, no debería, puesto que la información está ahí disponible
para todos a solo un click de distancia, entonces ¿por qué nos sorprende?,
estamos acostumbrados a aceptar la mayoría de la información que llega a
nosotros sin cuestionarnos su procedencia o veracidad, cuando se nos afirma que
el agua que nos venden esta “libre de todo” asumimos que lo está y difícilmente
ponemos a ello alguna objeción, estamos bombardeados de información en todo
momento y en cualquier lugar, pero no toda esa información es real y aún menos
es importante, se presume de ser esta la
sociedad de la información, un buffet infinito de datos, cifras, textos y miles
de cosas que irán a parar a nuestro plato,
y como podríamos saber cuáles de esos platillos son sanos y cuáles no, ¿cuánta
de esa información es real?.
Es un buffet no lo negamos, pero
lleno de comida chatarra, cientos de platillos preparados por unos pocos chefs cuyo
objetivo no es precisamente acercarnos los platos más saludables, y hay que
admitirlo como comensales somos algo más que glotones, despreciamos la
literatura que aunque dulce como la fruta no es un cremoso helado de
telenovelas, ni que mencionar de la ciencia dura que raspa nuestro paladar como
fibra, y así nos llenamos de la más variada basura de la información, pues no
solo somos glotones sino además temerosos, difícilmente nos adentramos a probar sofisticados
canapés filosóficos y nos llenamos de
los más comunes “tender topics” de queso y almidón que llenan y empanzonan
nuestro cerebro.
Estamos acostumbrados a comer de
este buffet de información y pocas veces nos preguntamos el por qué lo hacemos,
bien es tiempo de hacerlo de ser un poco más valientes y “ordenar a la carta”
de exigir lo que queremos comer y contar las calorías de la información que tomamos,
subir un poco más nuestros gustos y preocuparnos por la chatarra, así la
siguiente ves no te verás sorprendido cuando leas que estas comiendo, literalmente
caca.
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